BRÚJULA

Difusor de las letras argentinas


El escritor, poeta y traductor argentino Leopoldo Brizuela sobresalió por obras como Inglaterra. Una fábula y Lisboa. Un melodrama. Ganó el Alfaguara de Novela 2012 por Una misma noche


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18/05/2019

El martes, a los 55 años, murió en una clínica de Ensenada el escritor argentino Leopoldo Brizuela, autor de una obra reconocida en Argentina y en Latinoamérica. Brizuela atravesaba una delicada enfermedad. Había nacido el 8 de junio de 1963 en la ciudad de La Plata, donde pasó gran parte de su vida. Algunas de sus grandes novelas, como Una misma noche, de 2012, y la más reciente, Ensenada. Una memoria, de 2018, estaban ambientadas en ese territorio bonaerense.

Desde 2016, convocado por el exdirector de la Biblioteca Nacional Mariano Moreno, Alberto Manguel, trabajaba en la recuperación de archivos de escritores argentinos. En los últimos meses, mantenía encuentros con los responsables del acervo de Hebe Uhart. Participó como jurado en dos premios de cuentos que se entregaron este año, el de la Fundación María Elena Walsh, que mereció Tomás Downey, y el de la Fundación El Libro, que obtuvo Martín Cristal. Escribía, además, una novela ambientada en La Rioja, sobre la infancia de su padre. Publicó su primera novela, Tejiendo agua, en 1985, luego de ganar el premio de la Fundación Amalia Lacroze de Fortabat.

Fue el primero de una serie de reconocimientos. En 1999, con Inglaterra. Una fábula, ganó el premio Clarín de Novela, y en 2012, con Una misma noche, el premio Alfaguara de Novela. En dos ocasiones, en 2004 y en 2014, obtuvo el premio Konex por cuento y novela, respectivamente. Recibió becas de instituciones nacionales e internacionales y viajó como invitado a festivales literarios en países extranjeros. Su obra se halla traducida a varios idiomas.



“Nació novelista. Al leerlo, por momentos recordaba las mejores páginas de Juan Carlos Onetti. Pero es mejor. La frase, más dominada”, dijo sobre su obra el escritor argentino residente en Francia Héctor Bianciotti .

En 2010, dio a conocer Lisboa. Un melodrama (finalista del premio Rómulo Gallegos en 2011), que se puede leer en serie con Inglaterra y Ensenada, tres novelas definidas por un lenguaje que parece provenir de la fusión entre la trama y los espacios elegidos. “Para mí es una felicidad enorme corregir, mucho más que escribir -declaró a este diario-. Porque uno no está ansioso con si te va a salir o no y entonces vas bordando, encontrando nuevas formas. Me entusiasmaba encontrar toda una ¿poética? No, un repertorio de imágenes, de cosas típicas”. Para Brizuela, la ficción tenía un poder enorme sobre la vida.

Entre sus libros de cuentos, se destaca Los que llegamos más lejos, de 2002. Cantante aficionado, escribió sobre destacadas artistas de la música popular argentina, como Mercedes Sosa, Leda Valladares y Aimé Painé. En 2012, publicó un encantador (y poco leído) relato compuesto por más de un centenar de cuentos breves sobre el hijo adoptivo del naturalista y director del zoo de La Plata, Clemente Onelli, que sale de la ciudad para llevar los restos de su aya india a un lugar solo conocido por él.

El título de esa obra es La locura de Onelli. Difusor incansable de la literatura argentina, del trabajo de escritores jóvenes y de otros que habían caído en el olvido, desarrolló también una rica actividad periodística con entrevistas, reseñas y perfiles de escritores argentinos y extranjeros para distintos medios. Compiló varias antologías, como Historia de un deseo, el erotismo homosexual en 28 relatos argentinos contemporáneos, publicada en 2000. “Yo no quiero ser considerado un autor de literatura gay, escribo literatura y ese tema está, y es mi experiencia. Será una tontería, pero no me gustan los rótulos. Tampoco pienso a mis personajes enamorados en términos gays, o de una calificación.



El mercado rotula por temas”, había declarado. En Cómo se escribe un cuento, seleccionó fragmentos de escritores como Edgar Allan Poe, Henry James, Franz Kafka, Carson McCullers y su amada Eudora Welty, entre otros, con sabios consejos para narradores. Fue también traductor. A sus versiones de relatos y novelas de escritores de la primera mitad del siglo XX, como James, Flannery O’Connor y Welty, sumó otras de escritores jóvenes, como Laura Alcoba y Bernardo Carvalho. En la cárcel de mujeres de Olmos, en la Asociación de Madres de Plaza de Mayo y en Casa de Letras, entre otros espacios, coordinaba talleres de narrativa.

Integró diversos jurados para instituciones como el Fondo Nacional de las Artes, Fundación El Libro y la recién nacida Fundación María Elena Walsh. En 2014, gracias a su tarea como editor de Narrativa breve c o mp l e t a, d e Sara Gallardo, volvió a ubicar en el centro de interés público a una escritora fundamental del panorama literario local. Amigo desde su adolescencia de María Elena Walsh, cultivó amistades literarias con escritores de todas las generaciones: Pablo De Santis, Guillermo Martínez, Martín Kohan, Luisa Valenzuela, Mariano Quirós, Oliverio Coelho y Ana María Shua, entre muchos otros. Su mirada única sobre el oficio del escritor será siempre muy valorada y, a partir de su muerte, extrañada por todos aquellos que aman la literatura.



 




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