BRÚJULA

Un fotógrafo atrapado en un mundo de insectos


La primera exposición de su vida lo llevó a conocer realmente de cerca una serie de bichos, que hoy se exhiben en el área externa de Manzana 1 Espacio de Arte


El fotógrafo en plena Manzana Uno junto a una de las imágenes que se exponen al aire libre. El público ya puede apreciarlas.
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11/05/2019

Jorge von Bergen camina entre los paneles que lucen sus imá- genes y bromea, se ríe, posa y se asombra al ver el resultado de una labor que le costó desvelos, estrés y una considerable cantidad de dinero.

Se detiene, cruza los brazos y afirma que nunca realizó una exposición de su trabajo. Hasta hoy. En 50 años de carrera, el fotó- grafo paceño se desarrolló en diversos campos y se convirtió en un referente de fotografía publicitaria y de moda en el país. Además, se desempeñó en gastronomía, arquitectura, turismo y arte.

Entonces pensó que, si iba a realizar por primera vez una exposición de fotografía, tenía que ser sobre algo que nunca antes se había hecho. ¿Qué tal una exposición de insectos? le planteó a su amigo, asistente y mano derecha Pablo Poma.



Entonces se embarcaron en un proyecto que, en un principio, parecía sencillo, pero a medida que pasaba el tiempo se fue tornando espinoso. La mayor parte de los equipos ya los tenía. Ante todo necesitaba armarse de paciencia. Para comenzar era necesario buscar los insectos. Poma se encargó de ello. Y no tuvo que ir muy lejos.

En el jardín de Von Bergen halló saltamontes, abejas, hormigas, mariposas, libé- lulas y decenas de otros bichos. Después procedieron a limpiarlos, teniendo el cuidado de no dañarlos para que lucieran íntegros frente a la variedad de lentes que los retrataron. Para quitarles el polvo, especialmente el polen que se posa en las alas y la piel de los himenópteros, procedieron a lavarlos y secarlos en un aparato de ultrasonido similar al horno microondas.

Luego precisaron de una mesa, que se mantuviera lo suficientemente estable para acomodar las luces, la cámara y poder realizar las tomas sin que algún movimiento interfiera con la calidad de las imágenes. Cada foto tiene un rango de entre 0.5 a 0.3 milímetros con un objetivo manual (con control del diafragma), lo cual permitió utilizarlo como un lente de aproximación de gran calidad. Todo proceso fotográfico implica tomas que finalmente son descartadas.

En el caso de las imágenes de estos insectos, fueron miles de fotos que se iban dejando de lado a medida que se acercaban al ideal, es decir, lograr no solo que el objeto no esté desenfocado y con la iluminación correcta, sino también obtener una imagen única, que impacte y deje satisfecho su autor.



Una de las cámaras más preciadas de Von Bergen es una Hasselblad H6D- 400C MS, que la adquirió en Alemania. Mientras trabajaba con ella, la máquina se trabó y no pudo continuar usándola para retratar a los insectos. Eso no desanimó a Jorge, que se dio modos para avanzar en una tarea en la que ya estaba encaminado, junto a Pablo Poma. Sus años de experiencia le han permitido saber improvisar y buscar la manera de sortear obstáculos. Como cuando se dio cuenta de que la base sobre la que tomaba las fotos no era lo suficientemente estable como para garantizar una toma fija como necesitaba.

Entonces encontró unos soportes hechos de silicona en forma de pezón de mamadera, que se ajustaron al espacio y permitieron lograr fotos óptimas. Von Bergen se adiestró en la pericia de conseguir la profundidad de campo, de calibrar la toma para registrar más de 100 de cada insecto hasta llegar a la obra final mediante un apilado digital de imágenes. El resultado se titula Macroinsectos, la muestra que desde el jueves se puede apreciar en el área pública expositiva de Manzana 1 Espacio de Arte.

Son 22 fotografías en formato grande, que se exhiben en los paneles del paseo cruceño. Jorge von Bergen está convencido de que debe combinar técnica e intuición en cada click de su máquina y de su trabajo. Experimentar e innovar son sus premisas y los motivos que lo llevaron a indagar en la supermacro fotografía o macro fotografía. Siente que ha fotografiado de todo, pero todavía hay mundos que le gustaría explorar. El de los insectos ya logró conocerlo.



 




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